“El temor de Dios es para vida, y con el vivirá lleno de
reposo el hombre; no será visitado de mal”. (Proverbios 19:23)
¿Qué es el temor a Dios? Es el pleno reconocimiento de su soberanía
en nuestra vida, es anteponer sus principios
a nuestros paradigmas y sujetarnos a ellos; es la rendición de nuestra
voluntad a la suya; es la decisión de vivir una vida grata a los ojos de
Dios. Es el principio de la sabiduría.
Y si en algo debemos ser sumamente sabios es en el manejo de
las finanzas. Dice en otra parte del manual de la vida, “raíz de todos los
males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la
fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. (1 Timoteo 6:10)
Si una persona no tiene una actitud correcta frente al
dinero, ni un manejo adecuado, va a incurrir en muchos errores, y va a atraer
para si muchos males y dolores innecesarios, los cuales podría evitarse, si tan
solo, maneja su vida y finanzas sobre la base de los principios garantes de éxito
y prosperidad.
Hay dos efectos muy positivos en una persona que aprende a
reconocer la soberanía de Dios en su vida y se atempera a sus principios; en
primer lugar, será una persona que estará llena de reposo, gozará de una
inmensa paz interior y de una tranquilidad sin límites, esto ya es un gran
beneficio y una invaluable ganancia. Nada
comparable, con sentirse en paz con Dios, consigo mismo y con los demás.
En segundo lugar, “no será visitado por el mal”, es decir,
males ni dolores vendrán a su vida, a su familia, a sus negocios. Se ahorrará muchos malos momentos, muchos
tragos amargos; alejará de su vida la aflicción derivada de los enredos y
compliques financieros.
Una persona que actúa en el temor de Dios, es receptiva a su
luz y sabiduría, por lo tanto, goza de salud y lucidez mental, que es
fundamental para un manejo efectivo del dinero, los recursos, la administración
de los bienes, y los negocios.
¿Cuantas personas por actuar apresuradamente, por dejarse
llevar por los impulsos, las emociones, las presiones de las personas y
circunstancias, terminan enredados en los negocios de la vida? ¿Cuántos por no
actuar sabiamente sacrifican su paz interior, su felicidad, la armonía de su
familia?
Por eso, nuestra insistencia, en invitarle a hacer sociedad
con Dios, a someter su entendimiento a la revelación, a matricularse en la
escuela de la fe, y aprender a vivir en obediencia a sus principios soberanos; aprender
a descansar y esperar en el. La única manera
de comprobar que funciona, es intentándolo.
Pero no solo una vez y abandonar el proceso, sino permaneciendo hasta
empezar a ver los resultados de su fe y obediencia. Por Alexander Dorado Alban.
Guias Sencillas y practicas para aprender el camino hacia la prosperidad y el exito integral
sábado, 11 de febrero de 2012
viernes, 10 de febrero de 2012
Vivir endeudado es vivir esclavizado
“El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado
es siervo del que presta”. (Proverbios 22:7)
Muhammad Yunus, fundador del Banco Grameen, fue quien
desarrollo el concepto del microcrédito concedido a las personas mas humildes
que no tienen como acceder a un préstamo bancario convencional; por incentivar
el desarrollo económico desde las bases sociales, y por esta labor le mereció
el Premio Nobel de Paz (2006)
Yunus contradijo aquella ley natural, que el pez grande se
come al chico, o en términos sociales y económicos, el rico se hace cada vez mas rico, y el rico cada vez mas pobre,
debido a la explotación que hace el rico del pobre. Y en esta acción básica de los pueblos, yace
la gran causa del porque hay cada vez mas pobres en este mundo.
Jesús dijo, “a los pobres siempre los tendréis con vosotros”,
haciendo referencia a la pobreza como una sociopatía que no debemos desconocer;
pero esto no significa que debamos consentir la pobreza, resignarnos a ella, y
mucho menos, permitir que esta situación crezca a una dimensión inmanejable.
La solución al problema tiene que ver con un cambio de mentalidad,
tanto para el pobre como para el rico. Para el caso del rico, que no se
aproveche de su condición favorable de tipo económico o solvente para
enseñorearse del necesitado. Y el pobre,
que no se convierta en un esclavo de sus deudas o acreedores.
Y cuando hablamos de cambio de mentalidad, no es solamente
para el caso de los más pobres entre los pobres, sino en general, para toda
persona que ha convertido el endeudamiento en un modo de vida. Personas que no han salido de una deuda y
entran en otras más.
Y ni que hablar de aquellos que han adquirido prestamos con interés
de usura quedando atrapados en un callejón sin salida; hoy en día pululan en
las ciudades mafias e industrias criminales que se dedican a los prestamos de
usura, el problema es que existen, porque hay clientes, sino hubieran quien les
prestara, no tendrían razón de existir.
Si una persona quiere ser verdaderamente libre en el plano
financiero, debe tomar una decisión, cancelar sus deudas y no volverse a
endeudar. Y ante todo, algo que resulta mucho
mas importante, entender, que mientras le deba a alguien, se convierte en su
esclavo, y su trabajo, tiempo, dinero, recursos y hasta bienes, son de esa
persona.
Algunos piensan que la esclavitud fue abolida, pero están equivocados;
porque la esclavitud sigue vigente, solo que en la actualidad tiene diferentes caras
y matices; la mas común, la esclavitud financiera, que sigue cobrando la
felicidad de millones de personas, que no saben como ser libres.
es siervo del que presta”. (Proverbios 22:7)
Muhammad Yunus, fundador del Banco Grameen, fue quien
desarrollo el concepto del microcrédito concedido a las personas mas humildes
que no tienen como acceder a un préstamo bancario convencional; por incentivar
el desarrollo económico desde las bases sociales, y por esta labor le mereció
el Premio Nobel de Paz (2006)
Yunus contradijo aquella ley natural, que el pez grande se
come al chico, o en términos sociales y económicos, el rico se hace cada vez mas rico, y el rico cada vez mas pobre,
debido a la explotación que hace el rico del pobre. Y en esta acción básica de los pueblos, yace
la gran causa del porque hay cada vez mas pobres en este mundo.
Jesús dijo, “a los pobres siempre los tendréis con vosotros”,
haciendo referencia a la pobreza como una sociopatía que no debemos desconocer;
pero esto no significa que debamos consentir la pobreza, resignarnos a ella, y
mucho menos, permitir que esta situación crezca a una dimensión inmanejable.
La solución al problema tiene que ver con un cambio de mentalidad,
tanto para el pobre como para el rico. Para el caso del rico, que no se
aproveche de su condición favorable de tipo económico o solvente para
enseñorearse del necesitado. Y el pobre,
que no se convierta en un esclavo de sus deudas o acreedores.
Y cuando hablamos de cambio de mentalidad, no es solamente
para el caso de los más pobres entre los pobres, sino en general, para toda
persona que ha convertido el endeudamiento en un modo de vida. Personas que no han salido de una deuda y
entran en otras más.
Y ni que hablar de aquellos que han adquirido prestamos con interés
de usura quedando atrapados en un callejón sin salida; hoy en día pululan en
las ciudades mafias e industrias criminales que se dedican a los prestamos de
usura, el problema es que existen, porque hay clientes, sino hubieran quien les
prestara, no tendrían razón de existir.
Si una persona quiere ser verdaderamente libre en el plano
financiero, debe tomar una decisión, cancelar sus deudas y no volverse a
endeudar. Y ante todo, algo que resulta mucho
mas importante, entender, que mientras le deba a alguien, se convierte en su
esclavo, y su trabajo, tiempo, dinero, recursos y hasta bienes, son de esa
persona.
Algunos piensan que la esclavitud fue abolida, pero están equivocados;
porque la esclavitud sigue vigente, solo que en la actualidad tiene diferentes caras
y matices; la mas común, la esclavitud financiera, que sigue cobrando la
felicidad de millones de personas, que no saben como ser libres.
jueves, 9 de febrero de 2012
La victoria en sociedad con Dios
“El caballo se alista
para el día de la batalla; mas Dios es el que da la victoria”. (Proverbios
21:31)
Dice Covey en sus siete hábitos
de la gente altamente efectiva, “comience con un fin en mente”; esto es
fundamental para lograr un objetivo en la vida; pero en la practica no basta
con tener un objetivo, sino que éste sea adecuado. Si una persona no sabe hacia donde va,
cualquier rumbo le sirve, pero en el camino se embolata.
En la hay tres situaciones que se
pueden presentar: no tener objetivos, tener objetivos equivocados, tener los
objetivos correctos. Podría resultar
mucho mas peligroso y frustrante tener objetivos equivocados a no tenerlos; de allí
la importancia de acudir a la sabiduría de lo alto, para no apoyar la escalera
en la pared equivocada.
De otra parte, no basta con tener
visiones de futuro, sino contar con las estrategias correctas; tan importantes
son las metas como los métodos. Una persona
puede tener metas correctas, pero equivocarse en los métodos. Y volvemos a lo mismo, así la persona tenga
objetivos y metas adecuados, pero las estrategias y métodos que utiliza con
incorrectos, no logrará obtener los resultados esperados.
Por supuesto, que en todo este
proceso, los principios y valores son determinantes. Los principios y valores garantizan la
rectitud de los objetivos, nos aseguran que vamos por el camino correcto, nos
generan la seguridad y tranquilidad de conciencia de saber que estamos haciendo
las cosas bien, y son garantes de éxito.
Pero nunca olvidemos la
importancia de estrategias eficaces. De
lo contrario, nuestro trabajo quedaría resumido a buenas intenciones o propósitos,
pero sin resultados efectivos. Y siendo
honestos, no podemos pasarnos por la vida conformistas y resignados a
resultados no esperados ni anhelados, quedando con la a la deriva o al margen
con satisfacción de “por lo menos lo intentamos”.
Nadie quiere ir a una batalla, a una competencia
para perderla; de allí la importancia de lo que nos dice el sabio Salomón, de
una parte debemos prepararnos para el éxito, y hacer todo aquello que esta en
nuestras manos para que las cosas nos salgan bien y conseguirlo; de otra parte,
considerar asociarnos con aquel que tiene poder para darnos la victoria, aun en
situaciones que escapan a nuestro control o posibilidades.
Tener en cuenta a Dios no solo es
una acto de fe, sino de humildad, es una manera de evitar caer en la jactancia
y en el orgullo personal. Una de las razones más comunes de fracaso es la
soberbia. Las personas llegan a estar tan
convencidas de su capacidad y autosuficiencia, que yerran en aspectos
elementales que subestimaron o dieron por hecho.
La preparación demanda estudiar y
planear cuidadosamente una acción ante de llevarla a la ejecución, o feliz realización.
Recuerde, no es tramar, ni conspirar, ni maquinar maquiavélicamente algo,
porque en este tipo de plan no actúan los principios y valores; y en consecuencia, estaríamos actuando por fuera
del respaldo y la bendición de Dios. Por Alexander Dorado Alban.
para el día de la batalla; mas Dios es el que da la victoria”. (Proverbios
21:31)
Dice Covey en sus siete hábitos
de la gente altamente efectiva, “comience con un fin en mente”; esto es
fundamental para lograr un objetivo en la vida; pero en la practica no basta
con tener un objetivo, sino que éste sea adecuado. Si una persona no sabe hacia donde va,
cualquier rumbo le sirve, pero en el camino se embolata.
En la hay tres situaciones que se
pueden presentar: no tener objetivos, tener objetivos equivocados, tener los
objetivos correctos. Podría resultar
mucho mas peligroso y frustrante tener objetivos equivocados a no tenerlos; de allí
la importancia de acudir a la sabiduría de lo alto, para no apoyar la escalera
en la pared equivocada.
De otra parte, no basta con tener
visiones de futuro, sino contar con las estrategias correctas; tan importantes
son las metas como los métodos. Una persona
puede tener metas correctas, pero equivocarse en los métodos. Y volvemos a lo mismo, así la persona tenga
objetivos y metas adecuados, pero las estrategias y métodos que utiliza con
incorrectos, no logrará obtener los resultados esperados.
Por supuesto, que en todo este
proceso, los principios y valores son determinantes. Los principios y valores garantizan la
rectitud de los objetivos, nos aseguran que vamos por el camino correcto, nos
generan la seguridad y tranquilidad de conciencia de saber que estamos haciendo
las cosas bien, y son garantes de éxito.
Pero nunca olvidemos la
importancia de estrategias eficaces. De
lo contrario, nuestro trabajo quedaría resumido a buenas intenciones o propósitos,
pero sin resultados efectivos. Y siendo
honestos, no podemos pasarnos por la vida conformistas y resignados a
resultados no esperados ni anhelados, quedando con la a la deriva o al margen
con satisfacción de “por lo menos lo intentamos”.
Nadie quiere ir a una batalla, a una competencia
para perderla; de allí la importancia de lo que nos dice el sabio Salomón, de
una parte debemos prepararnos para el éxito, y hacer todo aquello que esta en
nuestras manos para que las cosas nos salgan bien y conseguirlo; de otra parte,
considerar asociarnos con aquel que tiene poder para darnos la victoria, aun en
situaciones que escapan a nuestro control o posibilidades.
Tener en cuenta a Dios no solo es
una acto de fe, sino de humildad, es una manera de evitar caer en la jactancia
y en el orgullo personal. Una de las razones más comunes de fracaso es la
soberbia. Las personas llegan a estar tan
convencidas de su capacidad y autosuficiencia, que yerran en aspectos
elementales que subestimaron o dieron por hecho.
La preparación demanda estudiar y
planear cuidadosamente una acción ante de llevarla a la ejecución, o feliz realización.
Recuerde, no es tramar, ni conspirar, ni maquinar maquiavélicamente algo,
porque en este tipo de plan no actúan los principios y valores; y en consecuencia, estaríamos actuando por fuera
del respaldo y la bendición de Dios. Por Alexander Dorado Alban.
martes, 7 de febrero de 2012
El hombre se dispone y Dios le responde
“Del hombre son las
disposiciones del corazón; mas del Señor es la respuesta de la lengua”.
(Proverbios 16:1)
Algunos piensan que
con Dios funciona aquella fórmula, que el “hombre propone y Dios dispone”; sin
embargo no es exactamente así, si el hombre se dispone, Dios responde. Una vez que una persona se dispone a obedecer
y a creerle a Dios, Él no se hará esperar en sus respuestas.
Muchos se preguntan
y hasta se quejan, ¿Por qué Dios no les ha respondido a sus peticiones? Sin
embargo, lo que debieran preguntarse es, ¿Qué tanto ellos se han dispuesto en
su corazón a creerle a Dios, a aprender a vivir por sus principios, a obedecer
sus mandamientos?
Han transcurrido mas
de 5000 anos desde la Creación del mundo, y hasta hoy en día, ni Dios ha
mentido, ni la Biblia, que es el manual de vida por excelencia ha fallado; la
causa de todos los problemas que el ser humano se ha fabricado a lo largo de la
historia se debe precisamente a que ha quitado los ojos de Dios y ha alejado su
corazón de su Creador.
Ahora bien, dice la
escritura, ‘’No tienen es porque no piden, y si piden, piden mal, para gastar
en sus deleites”. Si una persona piensa que Dios le va a conceder todo lo que
desee, está en un error, porque Dios no es una especie de genio mágico que
concede deseos o complace caprichos. Él
es un Padre, y da a sus hijos lo que estos necesitan.
En la medida en que
se avanza en la vida de fe, en el conocimiento espiritual, se va descubriendo
que Dios siempre responde. A veces dice,
“Si’’, otras veces dice, ‘’No”, en ocasiones dice, “después”; o “te tengo algo
mejor”. También en virtud a nuestro
libre albedrio, nos deja en libertad de hacer lo que mejor nos parezca; claro
esta, asumiendo la responsabilidad de nuestras decisiones.
La actitud mas sabia
que una persona pueda tomar es hacer a Dios participe de todas sus decisiones,
esto significa una plena disposición a hacer su voluntad, a someter el
entendimiento a la revelación, a abandonar toda programación o esquema mental y
decidirse a vivir por principios.
Muchas personas lo
hacen, es decir, involucran a Dios en su vida, pero no en todas las áreas de su
vida, una de ellas, la vida financiera.
Creen que Dios solo está para prodigarles su paz y amor, pero los
asuntos financieros los manejan ellos según su parecer, es cuando empiezan los
problemas.
Disponerse para
Dios, es tomar la decisión de hacer las cosas al estilo de El y ya no de si
mismo, de los demás, o de los parámetros del mundo; es seguir el ejemplo de Jesús
cuando dijo: “no se haga mi voluntad sino la tuya”. Siempre que una persona abrigue esa actitud
genuina en su corazón, no hay razón para que de parte de Dios, no haya una
respuesta oportuna para esa persona.
disposiciones del corazón; mas del Señor es la respuesta de la lengua”.
(Proverbios 16:1)
Algunos piensan que
con Dios funciona aquella fórmula, que el “hombre propone y Dios dispone”; sin
embargo no es exactamente así, si el hombre se dispone, Dios responde. Una vez que una persona se dispone a obedecer
y a creerle a Dios, Él no se hará esperar en sus respuestas.
Muchos se preguntan
y hasta se quejan, ¿Por qué Dios no les ha respondido a sus peticiones? Sin
embargo, lo que debieran preguntarse es, ¿Qué tanto ellos se han dispuesto en
su corazón a creerle a Dios, a aprender a vivir por sus principios, a obedecer
sus mandamientos?
Han transcurrido mas
de 5000 anos desde la Creación del mundo, y hasta hoy en día, ni Dios ha
mentido, ni la Biblia, que es el manual de vida por excelencia ha fallado; la
causa de todos los problemas que el ser humano se ha fabricado a lo largo de la
historia se debe precisamente a que ha quitado los ojos de Dios y ha alejado su
corazón de su Creador.
Ahora bien, dice la
escritura, ‘’No tienen es porque no piden, y si piden, piden mal, para gastar
en sus deleites”. Si una persona piensa que Dios le va a conceder todo lo que
desee, está en un error, porque Dios no es una especie de genio mágico que
concede deseos o complace caprichos. Él
es un Padre, y da a sus hijos lo que estos necesitan.
En la medida en que
se avanza en la vida de fe, en el conocimiento espiritual, se va descubriendo
que Dios siempre responde. A veces dice,
“Si’’, otras veces dice, ‘’No”, en ocasiones dice, “después”; o “te tengo algo
mejor”. También en virtud a nuestro
libre albedrio, nos deja en libertad de hacer lo que mejor nos parezca; claro
esta, asumiendo la responsabilidad de nuestras decisiones.
La actitud mas sabia
que una persona pueda tomar es hacer a Dios participe de todas sus decisiones,
esto significa una plena disposición a hacer su voluntad, a someter el
entendimiento a la revelación, a abandonar toda programación o esquema mental y
decidirse a vivir por principios.
Muchas personas lo
hacen, es decir, involucran a Dios en su vida, pero no en todas las áreas de su
vida, una de ellas, la vida financiera.
Creen que Dios solo está para prodigarles su paz y amor, pero los
asuntos financieros los manejan ellos según su parecer, es cuando empiezan los
problemas.
Disponerse para
Dios, es tomar la decisión de hacer las cosas al estilo de El y ya no de si
mismo, de los demás, o de los parámetros del mundo; es seguir el ejemplo de Jesús
cuando dijo: “no se haga mi voluntad sino la tuya”. Siempre que una persona abrigue esa actitud
genuina en su corazón, no hay razón para que de parte de Dios, no haya una
respuesta oportuna para esa persona.
domingo, 5 de febrero de 2012
El dinero no borra pecados
“No aprovecharan las riquezas en el
día de la ira; mas la justicia librara de muerte. La justicia del perfecto
enderezara su camino; mas el impío por su impiedad caerá. La justicia de los rectos los librara; mas
los pecadores serán atrapados en su pecado”. (Proverbios 11:5-7)
Algunos piensan que el dinero lo
compra todo, por eso se atreven a comprar conciencias; pagan a otros para que
borren sus faltas. De allí aquel dilema,
¿Quién es mas culpable? ¿El que peca por la paga, o el que paga por pecar?.
En alguna época de la historia, la
religión promulgó una costumbre perversa totalmente alejada de la sana
doctrina, “el pago de indulgencias”, la gente pagaba dinero para que sus
pecados fueran borrados. Bien sabemos
que el único sacrificio suficiente para Dios por los pecados de los hombres, es
la obra redentora de Cristo en la Cruz.
Las personas cometen todo tipo de
fechorías, pero llega un momento en que la vida les pasa factura, y no habrá
dinero suficiente para cubrir o borrar sus faltas; abusan de su “suerte”,
cruzan el limite, y luego ni el dinero, ni las relaciones podrán salvarle de un
juicio implacable.
Solo hay un camino para evitar caer o
ser librados en el día del juicio o de la muerte, y es una vida recta delante
de Dios y de los hombres. Una persona que
ha actuado en integridad, será ésta su mejor carta de presentación y su mejor e
incuestionable defensa. Pero un
impío como puede ser librado, si sus
obras lo acusan.
El problema de fondo en una persona
que paga por la peca, es que insiste en pecar; en el o ella no se halla una
autentica actitud de arrepentimiento, de cambio; no solo paga cínicamente para
que sus pecados sean borrados, sino que en la mayoría de los casos, sigue en lo
mismo, sin intención de abandonar lo que viene haciendo.
Lo que no calcula, es que todo en
este universo tiene un límite, y existen leyes tanto físicas, humanas como
espirituales que no pueden ser desconocidas y mucho menos violentadas, y tarde
que temprano, “tanto va el agua al cántaro, que termina rompiéndose”.
Una de esas leyes infranqueables, es
la ley de la siembra y la cosecha, “todo lo que el hombre sembrare, eso segara”. Si una persona, a pesar de ser advertida de
no seguir en un camino de muerte, sigue por allí, terminará sufriendo las
consecuencias de un destino que la persona eligió y se fabricó.
No son el dinero ni las relaciones
las mejores aliadas a la hora de salvar el pellejo, sino un testimonio de vida
incuestionable. Si se han cometido errores, Dios y la vida nos darán la
oportunidad de corregirlos y de no volverlos a cometer, y en ese sentido,
siempre habrá una segunda oportunidad para quien quiera rehacer su vida y
conducirse por la senda recta de la verdadera prosperidad.
día de la ira; mas la justicia librara de muerte. La justicia del perfecto
enderezara su camino; mas el impío por su impiedad caerá. La justicia de los rectos los librara; mas
los pecadores serán atrapados en su pecado”. (Proverbios 11:5-7)
Algunos piensan que el dinero lo
compra todo, por eso se atreven a comprar conciencias; pagan a otros para que
borren sus faltas. De allí aquel dilema,
¿Quién es mas culpable? ¿El que peca por la paga, o el que paga por pecar?.
En alguna época de la historia, la
religión promulgó una costumbre perversa totalmente alejada de la sana
doctrina, “el pago de indulgencias”, la gente pagaba dinero para que sus
pecados fueran borrados. Bien sabemos
que el único sacrificio suficiente para Dios por los pecados de los hombres, es
la obra redentora de Cristo en la Cruz.
Las personas cometen todo tipo de
fechorías, pero llega un momento en que la vida les pasa factura, y no habrá
dinero suficiente para cubrir o borrar sus faltas; abusan de su “suerte”,
cruzan el limite, y luego ni el dinero, ni las relaciones podrán salvarle de un
juicio implacable.
Solo hay un camino para evitar caer o
ser librados en el día del juicio o de la muerte, y es una vida recta delante
de Dios y de los hombres. Una persona que
ha actuado en integridad, será ésta su mejor carta de presentación y su mejor e
incuestionable defensa. Pero un
impío como puede ser librado, si sus
obras lo acusan.
El problema de fondo en una persona
que paga por la peca, es que insiste en pecar; en el o ella no se halla una
autentica actitud de arrepentimiento, de cambio; no solo paga cínicamente para
que sus pecados sean borrados, sino que en la mayoría de los casos, sigue en lo
mismo, sin intención de abandonar lo que viene haciendo.
Lo que no calcula, es que todo en
este universo tiene un límite, y existen leyes tanto físicas, humanas como
espirituales que no pueden ser desconocidas y mucho menos violentadas, y tarde
que temprano, “tanto va el agua al cántaro, que termina rompiéndose”.
Una de esas leyes infranqueables, es
la ley de la siembra y la cosecha, “todo lo que el hombre sembrare, eso segara”. Si una persona, a pesar de ser advertida de
no seguir en un camino de muerte, sigue por allí, terminará sufriendo las
consecuencias de un destino que la persona eligió y se fabricó.
No son el dinero ni las relaciones
las mejores aliadas a la hora de salvar el pellejo, sino un testimonio de vida
incuestionable. Si se han cometido errores, Dios y la vida nos darán la
oportunidad de corregirlos y de no volverlos a cometer, y en ese sentido,
siempre habrá una segunda oportunidad para quien quiera rehacer su vida y
conducirse por la senda recta de la verdadera prosperidad.
viernes, 3 de febrero de 2012
El error de creerse sabio en su propia opinion
“Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu
propia prudencia. Reconócelo en todos
tus caminos, y el enderezara tus veredas.
No seas sabio en tu propia opinión; teme a Dios, y apártate del mal;
porque será medicina a tu cuerpo y refrigerio para tus huesos”. (Proverbios
3:5-8)
Los paradigmas son formas de pensamiento al servicio de las
personas, resultan muy útiles cuando los usamos como guías que nos ayudan a
resolver rápidamente situaciones, pero se convierten en autenticas celdas o
prisiones, cuando se vuelen esquemas únicos, que cierran la mente o encierran a
las personas y las privan de percibir otras posibilidades.
Una persona paradigmática, esquemática, o como algunos le llaman
con la “mente cuadriculada”, difícilmente da el brazo a torcer; asume
posiciones inflexibles, rígidas, que terminan marginando a la personas a otras
alternativas de acción.
Por supuesto, que no estamos hablando de principios, los
cuales no se negocian; sino de formas de ver las cosas, posiciones frente a una
situación, maneras de comportarse, decidir, de hacer las cosas, las cuales, la
persona no quiere dejar ni abandonar; y esto le lleva en muchos casos a actuar
de manera terca, necia y caprichosa.
La prueba reina que enfrenta la persona, no tiene que ver con
otras personas, ni consiste en cotejar o confrontar sus pensamientos con los de
otros, sino cuando la persona es confrontada con la verdad de Dios; cuando en
un lado de la balanza están puestos los pensamientos de la persona y en el otro
lado, los pensamientos de Dios, sus principios eternos.
Es muy lamentable observar como una persona se labra su
propio fracaso, por el solo hecho de conservar una actitud inalterable, por
cerrarse a un universo que ni siquiera conoce y mucho menos ha considerado o
puesto a prueba.
Hay personas que prefieren sufrir las consecuencias de sus
decisiones equivocadas, que pasar por la “penosa” (así lo ven) pero sabia y
oportuna reconsideración de su posición. Prefieren salir lesionados de alguna
manera, que reconocer sus errores o equivocaciones. Y si tuvieran oportunidad
volverían hacer las cosas igual.
Y ni que decir, de lo incapaces que se vuelven a la hora de
pedir de perdón, de reconocer a otra persona que sus errores causaron daño o
lesionaron a terceros. Sin embargo, el sabio Salomón, nos ofrece una única
alternativa, confiar en Dios sin reservas.
Y la demostración de esa confianza es una vida de obediencia
a sus principios; es aceptar que nunca la mente de la criatura supera a la de
su Creador; que no hay un bien mejor, que una persona pueda hacer por si misma
y por otros, que dejarse conducir de su Señor, y de algo si puede estar seguro,
se va ahorrar muchos dolores de cabeza, del cuerpo y del corazón.
propia prudencia. Reconócelo en todos
tus caminos, y el enderezara tus veredas.
No seas sabio en tu propia opinión; teme a Dios, y apártate del mal;
porque será medicina a tu cuerpo y refrigerio para tus huesos”. (Proverbios
3:5-8)
Los paradigmas son formas de pensamiento al servicio de las
personas, resultan muy útiles cuando los usamos como guías que nos ayudan a
resolver rápidamente situaciones, pero se convierten en autenticas celdas o
prisiones, cuando se vuelen esquemas únicos, que cierran la mente o encierran a
las personas y las privan de percibir otras posibilidades.
Una persona paradigmática, esquemática, o como algunos le llaman
con la “mente cuadriculada”, difícilmente da el brazo a torcer; asume
posiciones inflexibles, rígidas, que terminan marginando a la personas a otras
alternativas de acción.
Por supuesto, que no estamos hablando de principios, los
cuales no se negocian; sino de formas de ver las cosas, posiciones frente a una
situación, maneras de comportarse, decidir, de hacer las cosas, las cuales, la
persona no quiere dejar ni abandonar; y esto le lleva en muchos casos a actuar
de manera terca, necia y caprichosa.
La prueba reina que enfrenta la persona, no tiene que ver con
otras personas, ni consiste en cotejar o confrontar sus pensamientos con los de
otros, sino cuando la persona es confrontada con la verdad de Dios; cuando en
un lado de la balanza están puestos los pensamientos de la persona y en el otro
lado, los pensamientos de Dios, sus principios eternos.
Es muy lamentable observar como una persona se labra su
propio fracaso, por el solo hecho de conservar una actitud inalterable, por
cerrarse a un universo que ni siquiera conoce y mucho menos ha considerado o
puesto a prueba.
Hay personas que prefieren sufrir las consecuencias de sus
decisiones equivocadas, que pasar por la “penosa” (así lo ven) pero sabia y
oportuna reconsideración de su posición. Prefieren salir lesionados de alguna
manera, que reconocer sus errores o equivocaciones. Y si tuvieran oportunidad
volverían hacer las cosas igual.
Y ni que decir, de lo incapaces que se vuelven a la hora de
pedir de perdón, de reconocer a otra persona que sus errores causaron daño o
lesionaron a terceros. Sin embargo, el sabio Salomón, nos ofrece una única
alternativa, confiar en Dios sin reservas.
Y la demostración de esa confianza es una vida de obediencia
a sus principios; es aceptar que nunca la mente de la criatura supera a la de
su Creador; que no hay un bien mejor, que una persona pueda hacer por si misma
y por otros, que dejarse conducir de su Señor, y de algo si puede estar seguro,
se va ahorrar muchos dolores de cabeza, del cuerpo y del corazón.
miércoles, 1 de febrero de 2012
Poco no significa escasez
“Mejor es lo poco con el temor de
Dios, que gran tesoro donde hay turbación.
Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que buey engordado donde
hay odio”. (Proverbios 15:16-17)
Hay dos tipos de medidas con las
cuales evaluamos las cosas, lo cualitativo y lo cuantitativo y en este aspecto,
muchos no logran ponerse de acuerdo y defienden sus posturas, por ejemplo, en relación
al tiempo que un padre dedica a sus hijos, argumentan, “es mejor calidad que
cantidad”; ¿pero es realmente valido?
¿Cómo sabe un padre o una madre,
cual es la cantidad de tiempo suficiente? ¿Como sabe una persona que una hora “bien
utilizada”, es mejor que dedicarle a un hijo toda una tarde si esto lo precisa?. La verdad, esto de las medidas es muy
relativo.
Lo mismo sucede con los valores
que las personas les otorgan a las cosas, piensan que entre mas se tenga, se es
más feliz, pero todos sabemos muy bien, que esto no es cierto. Una casa puede estar llena de muebles y de
cosas, que representan comodidad, pero no necesariamente felicidad, calor de
hogar, ambiente familiar.
Una familia puede habitar en una
casa llena de lujos, pero carente de los dones mas perfectos o las dadivas mas
preciados, como son el amor, la paz, la comprensión; hay padres que se
esfuerzan en darles a sus hijos lo que ellos piden, pero los privan de
ofrecerles lo que más necesitan, como es el afecto paternal.
Trate de imaginarse una familia,
sentada a la mesa en la cual hay abundancia de platillos exquisitos y vinos
refinados, deliciosos postres, y aunque la cena es deliciosa, la velada es
insoportable, porque los comensales no se pueden ni ver, no se soportan unos a
otros, porque no hay comunión ni compañerismo entre ellos.
Y que decir de lo que cita
Proverbios 17:1, “mejor es un bocado seco, y en paz, que casa de contiendas
llena de provisiones”. No hay que
pensarlo mucho, para entender que un exquisito banquete no compensa la
incomodidad de sentarse a la mesa, con alguien que le resulta insoportable, a
pesar de ser su propia familia.
¿Porque afirmar que poco no
significa escasez? Esto hace referencia, a aquellos hogares o familias, en los
cuales están ausentes los lujos, las comodidades, los banquetes exuberantes;
las provisiones abundantes; pero hay de amor de sobra, comprensión en
cantidades, dialogo abundante, fe sin límites, armonía para rato.
Para que una cena o velada familiar
funcione, no pueden faltar los ingredientes básicos, los cuales no tienen que ver con carnes, frutas,
verduras, postres, o bebidas, sino con la abundancia de dadivas espirituales y
dones perfectos que proporciona Dios a sus hijos y que hacen a una persona o a
una familia verdaderamente feliz.
Como reza un texto de San Pablo, “porque
el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu
Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por
los hombres. Así que, sigamos lo que
contribuye a la paz y a la mutua edificación”. (Romanos 14:17-19) Por Alexander Dorado.
Dios, que gran tesoro donde hay turbación.
Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que buey engordado donde
hay odio”. (Proverbios 15:16-17)
Hay dos tipos de medidas con las
cuales evaluamos las cosas, lo cualitativo y lo cuantitativo y en este aspecto,
muchos no logran ponerse de acuerdo y defienden sus posturas, por ejemplo, en relación
al tiempo que un padre dedica a sus hijos, argumentan, “es mejor calidad que
cantidad”; ¿pero es realmente valido?
¿Cómo sabe un padre o una madre,
cual es la cantidad de tiempo suficiente? ¿Como sabe una persona que una hora “bien
utilizada”, es mejor que dedicarle a un hijo toda una tarde si esto lo precisa?. La verdad, esto de las medidas es muy
relativo.
Lo mismo sucede con los valores
que las personas les otorgan a las cosas, piensan que entre mas se tenga, se es
más feliz, pero todos sabemos muy bien, que esto no es cierto. Una casa puede estar llena de muebles y de
cosas, que representan comodidad, pero no necesariamente felicidad, calor de
hogar, ambiente familiar.
Una familia puede habitar en una
casa llena de lujos, pero carente de los dones mas perfectos o las dadivas mas
preciados, como son el amor, la paz, la comprensión; hay padres que se
esfuerzan en darles a sus hijos lo que ellos piden, pero los privan de
ofrecerles lo que más necesitan, como es el afecto paternal.
Trate de imaginarse una familia,
sentada a la mesa en la cual hay abundancia de platillos exquisitos y vinos
refinados, deliciosos postres, y aunque la cena es deliciosa, la velada es
insoportable, porque los comensales no se pueden ni ver, no se soportan unos a
otros, porque no hay comunión ni compañerismo entre ellos.
Y que decir de lo que cita
Proverbios 17:1, “mejor es un bocado seco, y en paz, que casa de contiendas
llena de provisiones”. No hay que
pensarlo mucho, para entender que un exquisito banquete no compensa la
incomodidad de sentarse a la mesa, con alguien que le resulta insoportable, a
pesar de ser su propia familia.
¿Porque afirmar que poco no
significa escasez? Esto hace referencia, a aquellos hogares o familias, en los
cuales están ausentes los lujos, las comodidades, los banquetes exuberantes;
las provisiones abundantes; pero hay de amor de sobra, comprensión en
cantidades, dialogo abundante, fe sin límites, armonía para rato.
Para que una cena o velada familiar
funcione, no pueden faltar los ingredientes básicos, los cuales no tienen que ver con carnes, frutas,
verduras, postres, o bebidas, sino con la abundancia de dadivas espirituales y
dones perfectos que proporciona Dios a sus hijos y que hacen a una persona o a
una familia verdaderamente feliz.
Como reza un texto de San Pablo, “porque
el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu
Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por
los hombres. Así que, sigamos lo que
contribuye a la paz y a la mutua edificación”. (Romanos 14:17-19) Por Alexander Dorado.
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